La aviación comercial es el medio de transporte más seguro, pero esa condición no es permanente ni automática: es el resultado de un proceso continuo de análisis de riesgos, mejora tecnológica y aprendizaje institucional. El más reciente informe anual de seguridad de la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA) muestra que, aunque la industria mantenga una tendencia estructural de mejora en materia de seguridad operacional, algunos accidentes de gran impacto mediático recuerdan que el riesgo nunca desaparece.
En 2025 la aviación comercial mundial operó cerca de 38.7 millones de vuelos que transportaron a casi 5,000 millones de pasajeros. Dentro de ese enorme volumen de operaciones se registraron 51 accidentes clasificados por IATA, lo que representa una tasa de 1.32 accidentes por millón de vuelos, una mejora respecto a la tasa de 1.42 registrada en 2024. Hace dos décadas, en 2005, la tasa global era de 3.72 accidentes por millón de operaciones, lo que evidencia el progreso sostenido del sector en materia de seguridad operacional.
Este avance es el resultado de un sistema cada vez más sofisticado de gestión de riesgos que combina tecnología, capacitación y cooperación internacional. Herramientas como los sistemas de gestión de seguridad, análisis de datos operacionales, programas de monitoreo de vuelo y estandarización de procedimientos, permiten identificar riesgos antes de que se conviertan en accidentes. La seguridad aérea, en realidad, es un sistema global de aprendizaje permanente.
Sin embargo, el informe también muestra una característica propia de la aviación moderna: aunque los accidentes son cada vez menos frecuentes, cuando ocurren pueden tener consecuencias graves. En 2025 se registraron ocho accidentes mortales que provocaron 394 fallecimientos a bordo y 35 víctimas adicionales, el total anual más alto desde 2018. Dos sucesos concentraron más de la mitad de las víctimas del año, lo que demuestra cómo un número reducido de eventos puede alterar la percepción pública del riesgo.
Aun así, desde una perspectiva estadística, el transporte aéreo continúa siendo extraordinariamente seguro. El riesgo de fatalidad por millón de vuelos ha caído de 0.69 en 2005 a 0.17 en 2025, lo que confirma una tendencia de mejora sostenida durante las últimas dos décadas. El análisis de los accidentes muestra además que los desafíos actuales de seguridad no se limitan a fallas técnicas. Entre los factores más frecuentes se encuentran el contacto anormal con la pista, excursiones de pista, vehículos o animales en pista, condiciones meteorológicas adversas y deficiencias en la conciencia situacional de las tripulaciones. También influyen factores estructurales como supervisión regulatoria insuficiente o sistemas de gestión de seguridad incompletos por parte de algunos operadores.
En este contexto, la investigación exhaustiva de los accidentes se vuelve un elemento central para la seguridad global. Las investigaciones y la publicación de los dictámenes finales -obligación establecida por OACI- permiten identificar causas probables, analizar factores contribuyentes y emitir recomendaciones operativas que después son adoptadas por aerolíneas, fabricantes y autoridades.
Cada accidente contiene aprendizajes que pueden traducirse en cambios de procedimientos, mejoras tecnológicas o ajustes regulatorios. Por ello, cuando las investigaciones se retrasan o los informes no se publican oportunamente, se debilita el principal mecanismo de aprendizaje del sistema aeronáutico.
La seguridad aérea se sostiene precisamente en esa capacidad de transformar los errores en conocimiento y para ello es indispensable asegurar investigaciones rigurosas y transparencia.
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