Entre los estudios de grabación de Warner Chapell Music en Miami Beach y el verde impecable de las canchas de polo de Palm Beach, Sofía “Chule” Von Wernich (28) empezó el año de la mejor manera: a pura música y amor. Por estos días está grabando su tercer disco, Reflexiones de mi vida hasta ahora, mientras acompaña a su novio, el polista (y crack) Bartolomé Castagnola (26), que está participando en la temporada de alto handicap de Florida, Estados Unidos.
“El disco sale a principios de junio y tiene ocho canciones. Acá, en Miami, la última semana de febrero estuve en un songcamp donde vinieron productores y artistas de Asia, de Latinoamérica y de Estados Unidos. Estoy componiendo música nueva, siempre el proceso es así: estás por lanzar algo y a la vez estás preparando canciones nuevas”, arranca con entusiasmo la cantante y compositora nacida en Pehuajó. Y sigue: “Acá estoy firmada con Warner Chapell Music como compositora, entonces estuve en sus estudios de Miami Beach y en el que tienen arriba de las oficinas que se llaman Alacran, que está buenísimo. Yo ya vine bastantes años a grabar, por lo que tengo varios compositores y productores con los que me gusta trabajar”.
–¿Tus letras son autorreferenciales o en qué te inspirás?
–Generalmente hacen referencia a historias mías o a cosas que me imagino. Pienso un concepto de qué es lo que quiero decir en esa canción y luego lo desgloso como un cuentito.
–En una decís que agradecés haberte equivocado y en otra que casarte te da piel de gallina. ¿Te pasa eso?
–“Agradezco haberme equivocado” la escribí hace tres años, cuando estaba arrancando con Barto y no es parte del disco nuevo. A veces lo que no te imaginás termina pasando. No pensaba que iba a engancharme hasta que pude dejar mi parte negadora y acá estamos, cuatro años después. Lo que no iba a ser nada al final fue todo. La otra frase es parte de otro tema, “3 chiquitos y un perrito adoptado”, y habla de todo lo que me imaginé a los 15 y ahora, a los 28, la parte B, que es la realidad. No salió todo como lo imaginaba, pero en realidad salió mejor. Estoy todo el día con la guitarra, que es lo que hice siempre. Sentirme grande me da un poco de piel de gallina, saber que dejé atrás esa etapa del colegio, los 18, los primeros años en Buenos Aires, pasé por todo un torbellino, pero hoy estoy dando pasos firmes y encontré mi camino, a mi manera. No se puede pautar todo, y me siento feliz por haberme animado a seguir mi sueño, y hoy lo estoy cumpliendo.
–¿Y lo del casamiento? ¿Es porque no está en tus planes?
–[Se ríe]. No estamos en ese punto, pero sí me gustaría casarme en algún momento. Eventualmente hay un proyecto de vivir juntos, pero ahora la verdad que es difícil. Cuando viajo lo visito, estoy con él o cuando está en Cañuelas me quedo algunos días, pero mi casa es en Buenos Aires porque trabajo ahí, mi vida es ahí hoy. Tenemos una vida muy nómade los dos.
–El año pasado estuvieron unos meses separados.¿Sirvió la distancia?
–Sí, cortamos siete meses, fue duro, pero hacía falta. Lo más difícil fue pensarlo como definitivo, no proyectarme más con él a pesar de que una parte mía estaba todavía muy apegada. Pero dicen que el tiempo es sabio y sabe y hace que las cosas tomen el camino que tienen que tomar. Yo me enfoqué mucho en mí, en mi música, en retomar al ciento por ciento y ponerle todo a mi proyecto que creo que había dejado un poco de lado porque me agarró en un momento que estaba medio desmotivada, en cambio la vida con él me divertía mucho. Me sirvió ese tiempo, me dio mucha confianza en mí misma, ahora la relación la encaramos un poco desde otro lado, nos hizo bien. A veces perder te hace valorar lo que tenías.
–¿Qué te sigue encantando de él?
–A Barto lo admiro, es muy profesional, uno de los mejores y está marcando el camino nuevo. Es bueno estar con alguien así, me inspira. Y es muy manso, constante y enfocado. Por ahí a mí eso es lo que más me cuesta, yo tengo más altibajos, entonces trato de contagiarme de él.
–¿Cómo es un día tipo cuando estás en Palm Beach?
–Barto tiene más una rutina, yo menos. Por lo general nos levantamos, desayunamos juntos, tomamos unos mates, entrenamos a la mañana y a la tarde o me voy para Miami a grabar o me quedo por acá para acompañarlo. Él full vida de deportista y yo trato de estar para los partidos y voy y vengo a Miami, que estoy a una hora y poquito. También mantengo mis clases de canto todas las semanas, estoy haciendo con Cynthia Correa que es cantante, fonoaudióloga y profesora de canto, una genia. Estoy muy contenta, me sirve mucho.

–¿Tenés un grupo de amigas allá?
–Acá vivimos con el Negro, que es su kinesiólogo, y Salva y Mariano, que trabajan con él con los caballos, y la verdad que con el grupo de trabajo de Barto me llevo increíble y compartimos mucho. Siempre estamos con un montón de gente comiendo en casa, pasamos todo el día en la caballeriza, entrenamos todos juntos, es muy divertido. Después, también comparto mucho con los que le toque jugar en el equipo y sus parejas. La familia de él también viaja un montón y me llevo bárbaro con todos. Con Tati [Frayssinet], su prima, que ahora está trabajando con él y con Jeta como fotógrafa, me llevo bárbaro y nos vemos un montón. Yo no me instalo toda la temporada, entonces cuando vengo paso más tiempo con Barto y su grupo. En Miami justo ahora también está Vida Spinetta [nieta del Flaco], que somos muy amigas, y cuando voy para allá a grabar hacemos algún programa juntas.
-¿Extrañás en algún momento tu vida en Pehuajó?
-No en el día a día, pero me encanta ir y visitar a mi familia. Con Barto tengo un poco esa vida más tranquila, pero cuando estoy en Buenos Aires o viajando con la música, extraño esa tranquilidad del interior, del campo, la rutina. Ahora, en el verano, estuve dos semanas en el campo con mi familia, mis hermanos [son cinco, ella es la mayor] y mis abuelos. Es como la vacación que elijo y voy a elegir siempre porque es un reseteo del año que necesito y me baja mil cambios.
–Tu papá, Gastón, jugaba al polo profesionalmente, ¿no?
–Sí, llegó a tener seis goles y viajábamos todos los años, hasta mis 19. Íbamos a San Diego y a Indio, en California, entonces estoy acostumbrada a la rutina de caballerizas, al ambiente, y siempre me encantó. Vivía en el campo, entonces los caballos me encantan, el deporte me encanta. No suelo opinar, pero me gusta aprender, mirar y tratar de entender lo más que puedo para sentirme parte y formar parte del proceso.
–¿Vos jugás?
–No, cada tanto taqueo por diversión, pero nada más. Cuando juega Barto no tengo cábalas, pero sí me pongo nerviosa, quiero que juegue bien, que le vaya bien, que gane. Obviamente se gana y se pierde, pero cuando perdés es horrible. La pasás tan mal que cuando se gana se disfruta un montón. En la última final de Palermo estaba con unas botas, salté para festejar y me hice mal la rodilla, o sea, dejé la rodilla en ese partido, los re vivo.

