El conflicto en Medio Oriente llega a su décimo día y, mientras algunos analistas vaticinaban la Tercera Guerra Mundial —el más connotado, Niall Ferguson, quien denominó al conflicto como GulfWar III—, las señales indican que será un conflicto breve. Además de cierta estabilidad en los mercados —el S&P permanece estable, el Dow retrocede 0.5%, el Nasdaq avanza 0.13% y Bitcoin resiste en el rango de los 70 mil dólares—, el Brent ha bajado 7% para ubicarse en los 92 dólares (USD). Se temía una escalada inflacionaria que impactaría los precios de la gasolina, precisamente en un año electoral que hace imposible para el presidente Trump embarcarse en un conflicto largo.
Sin que a la fecha sepamos con certeza las causas, destacan tres posibles explicaciones. La menos convincente es la represión interna que el régimen de los ayatolas (que significa “señalados por Dios”) practica contra el pueblo iraní desde que, en 1979, la revolución islámica del ayatola Jomeini —antecesor del eliminado en el ataque del 28 de febrero, Alí Jamenei, líder supremo desde 1989— derrocó al Sha de Irán, quien gobernaba desde que su padre abdicó en su favor en 1941.
La segunda explicación establece como causa ponerle un alto a China, cuya influencia en Venezuela e Irán era palpable, no sólo por la compra de petróleo, sino por su influencia estratégica en estos y otros países, como Perú y, sobre todo, Panamá, donde ya extendía su presencia en la zona del canal, algo impensable durante los años previos a la devolución del canal en 1999 y la salida del Comando Sur y de la Escuela de las Américas de ese país del istmo.
La tercera razón, que es la que ha aceptado tácitamente el gobierno norteamericano, es el crecimiento del programa nuclear iraní, que inició en 1967 cuando, paradójicamente, el propio gobierno estadounidense le suministró el primer reactor nuclear de piscina, conocido como TRR. Recordemos que el contexto en ese año era radicalmente distinto y nos lleva al origen de esta ecuación tan compleja que son Medio Oriente e Irán.
La dinastía de los Sha inició mediante un golpe militar en 1921, cuando Reza Shah Pahlevi tomó el poder que heredaría a su hijo Mohamed en 1941, ante la presión anglo-soviética y como represalia por aliarse con Alemania durante la II Guerra Mundial. El último Sha de Irán persiguió a los ayatolas, impuso un gobierno secular, mantuvo el nombre de Irán —que desde 1935 había adoptado su padre— e impulsó una modernidad occidental, caracterizada por rápido crecimiento económico pero una pésima distribución del ingreso, que no fue bien vista por la oposición —cuyo líder vivía exiliado en París desde 1964— en un país de tradiciones milenarias.
Aquí es donde entra la variable religiosa. Los chiitas, que en Irán son mayoría —aunque a nivel mundial el 85% de los musulmanes son sunitas—, representan la versión más mística, conservadora y radical del islam. Cuando en 1979, bajo un clamor popular, triunfó la revolución islámica, se impuso una teocracia, se prohibieron la oposición y los partidos políticos, los clérigos del islam promulgaron una nueva constitución e Irán se embarcó en una lucha perenne contra quienes considera sus enemigos: Estados Unidos y, principalmente, Israel, que representa otra de las tres grandes religiones monoteístas del mundo y es su adversario ideológico y existencial. Desde el triunfo de los ayatolas, Irán ha financiado a grupos terroristas como Hezboláen el Líbano, Hamas en Palestina, y ha apoyado a regímenes antidemocráticos como el cubano y la Venezuela de Chávez y Maduro.
Para contrarrestar a este régimen de terror, Estados Unidos ha empleado diversas tácticas. En 1980 apoyó, junto con una coalición de países, al Irak de su entonces aliado Sadam Hussein en un conflicto que duró ocho años, pero que sólo cohesionó al régimen iraní. También ha impuesto bloqueos y vetos, e incursionado en operaciones militares como la de junio de 2025, en la llamada guerra de los doce días.
Nada ha funcionado para eliminar al régimen y muy probablemente este conflicto no será la excepción. Irán —o, más precisamente, la Asamblea de Expertos que decide el rumbo del país de 93 millones de habitantes— nombró al sucesor de Jamenei, que será su hijo Mojtaba Jamenei, de apenas 56 años.
Quizá lo que sí logró Estados Unidos, con el acompañamiento de Israel, fue ralentizar el curso del programa nuclear iraní y enviar un mensaje a China, su verdadero rival en esta guerra económica que perfila un nuevo orden tripolar en los albores del segundo cuarto del siglo XXI. Su otro gran rival histórico, Rusia, sigue enfrascado en una guerra con sus hermanos eslavos que ya cumple cuatro años, un conflicto que inicialmente se pensó duraría días o semanas. De ello hablaremos próximamente.


