A dos meses de cumplir 39 años y con veintitrés temporadas como profesional, Novak Djokovic, la leyenda serbia del tenis, no deja de deslumbrar. La noche del miércoles californiano, en Indian Wells, lo tuvo como protagonista. Es verdad que cayó frente al campeón defensor, el británico Jack Draper, por 4-6, 6-4 y 7-6 (7-5), en los octavos de final. Sin embargo, ganó un punto épico que será recordado durante mucho tiempo y se marchó endulzado por una ovación.
El tanto excepcional, en el court central, se produjo en el primer game del tercer set, con el balcánico al servicio. El actual N° 3 del ranking, máximo ganador de Grand Slams (con 24), se quedó con un punto extenuante de 26 impactos, que incluyó globos precisos, drop-shots milimétricos, derechas invertidas y desplazamientos de un rincón al otro. Nole definió el punto con un contra drop que bailó por encima de la faja y no le permitió a Draper devolver con justeza.
Djokovic quedó extenuado, derrumbado sobre el cemento norteamericano. Le costó recuperarse y ponerse de pie. Cuando lo hizo, el alcanzapelotas le acercó la toalla, mientras el público deliraba. El tenista nacido en Belgrado, todavía agitado, terminó defendiendo su saque, pero el esfuerzo le costó caro: un turno de saque más tarde, Draper terminó logrando el quiebre. “Me costó un break después. Fue genial ganar ese punto en ese game, pero me quedé vacío y empecé a sentirme un poco mejor al final del tercero”, explicó Djokovic.
Novak le rompió el saque al zurdo Draper en el décimo game (5-5), cuando el rival sirvió para partido; llegaron al tie-break y, al final, se definió por detalles, en favor del británico, que en los cuartos de final se enfrentará con el ruso Daniil Medvedev (11°). “Él se despistó con el 5-4 para cerrar el partido y, con el apoyo del público, me sentí con energía. Pensé que podía ganarlo. Estuvo muy, muy cerca... Por desgracia cometí algunos errores”, lamentó Djokovic.
A esta altura, cada presentación del “veterano” Nole, el último representante del inigualable Big 3 (que completaron Roger Federer y Rafael Nadal), es un espectáculo único y melancólico. Pese a la diferencia de edad con los jugadores que hoy dominan el top 10, su capacidad tenística, atlética y mental le permiten competir en un gran nivel, aunque a veces no le alcance para triunfar, como anoche ante Draper (o en la última final del Abierto de Australia, ante Carlos Alcaraz).
Cinco veces campeón en Indian Wells (2008, 2011, 2014, 2015 y 2016), el serbio se quedó con las ganas de seguir avanzando en el Valle de Coachella, pero dejó, una vez más, una huella imborrable.
“Observaba, admiraba e idolatraba a Novak Djokovic desde chico. No veo tenis cuando no estoy jugando, pero siempre que él juega, lo observo y lo admiro. Su nivel a los 38 años es increíble. Agradezco que siga jugando. Lo admiro”, expresó Draper (4° en junio de 2025), rindiéndose ante Nole. El jugador de 24 años, nacido en Sutton, en el sur de Londres, está en la búsqueda de recuperar su alto nivel tras algunos meses con obstáculos y lesiones óseas en el brazo izquierdo, tendinitis en la cadera y problemas de hombro.

