Durante años, la discusión sobre la brecha digital de género se centró en medir si las mujeres registraban el mismo nivel de acceso a las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) que los hombres.
En México, la evidencia reciente sugiere que esa etapa está prácticamente superada.
La conectividad entre mujeres ha alcanzado niveles equiparables a los de los hombres, resultado de la expansión de la infraestructura digital, la reducción en los costos de acceso y, sobre todo, la masificación de los dispositivos móviles inteligentes.
De la brecha de acceso a la brecha de uso. Hoy, la brecha de género en acceso a internet es mínima. Más de ocho de cada diez mujeres en el país utilizan internet, una proporción prácticamente equivalente a la de los hombres.
Las TIC han ampliado significativamente los espacios de interacción social, inclusión económica y participación pública para las mujeres, habilitando nuevas formas de comunicación, acceso a información y oportunidades de desarrollo personal y profesional.
A pesar de que la brecha de acceso se ha reducido, hoy el camino hacia la igualdad digital ha evolucionado hacia una dimensión más compleja, a saber, las diferencias en el aprovechamiento y la intensidad del uso de la tecnología.
Smartphone como catalizador de inclusión digital. El principal eslabón detrás de esta convergencia en acceso es el smartphone. Este dispositivo se ha consolidado como funge como elemento esencial para la conectividad que reduce barreras tradicionales de acceso a oportunidades.
Actualmente, 96.1% de las mujeres que cuentan con un teléfono móvil utilizan un smartphone, una proporción prácticamente idéntica al 96.4% registrado entre los hombres.
Esta paridad evidencia cómo la disponibilidad de dispositivos inteligentes ha democratizado el acceso a aplicaciones, servicios financieros, plataformas de comercio electrónico, emprendimiento y herramientas de productividad.
Redes sociales: nuevos espacios de inclusión. Uno de los ámbitos donde la presencia femenina es particularmente notable es el uso de redes sociales.
Entre las mujeres que utilizan internet, alrededor de 77% participa activamente en estas plataformas, una proporción ligeramente superior a la observada entre los hombres (76.4%).
Este uso intensivo refleja que las redes sociales han evolucionado más allá de su función original de interacción social.
Hoy, para muchas mujeres, estas plataformas representan también un mecanismo de inclusión económica, permitiendo el desarrollo de pequeños negocios, la promoción de servicios profesionales o la generación de ingresos mediante la creación de contenido digital.
Entretenimiento digital en expansión. A pesar de la convergencia en términos de acceso, las diferencias de género aún se manifiestan en algunos patrones de consumo digital.
Un ejemplo claro se identifica en el mercado de videojuegos. Actualmente, 55.3% de las mujeres en México juega videojuegos, una proporción significativa, pero inferior al 69.6% de los hombres. La expansión del gaming móvil ha sido un factor clave en el avance en términos de adopción, al reducir las barreras de entrada asociadas a consolas o computadoras especializadas.
Algo similar ocurre en el consumo de plataformas de video bajo demanda. Si bien una proporción creciente de mujeres (65%) utiliza servicios de streaming, su adopción sigue siendo ligeramente menor que entre los hombres (72%), reflejando diferencias en preferencias de consumo y disponibilidad de tiempo.
El desafío de la inclusión digital profunda. Los avances en el acceso a la conectividad evidencian que México ha recorrido un camino importante hacia la igualdad digital en términos de acceso.
No obstante, el reto hacia adelante consiste en profundizar la inclusión digital, asegurando que la conectividad se traduzca en capacidades productivas, oportunidades económicas y desarrollo social.
En la economía digital, la verdadera inclusión no se mide únicamente por la capacidad de conectarse, sino por la posibilidad de transformar esa conectividad en oportunidades tangibles de bienestar y desarrollo. La conectividad ya está presente, el siguiente paso es potenciar su impacto.