Los arbitrajes del fútbol argentino hacen dudar acerca de cómo describir la justicia (o no) de un partido como el que ocurrió anoche en Mendoza entre Independiente Rivadavia, puntero de la zona B del Torneo Apertura, y Barracas Central. Porque el visitante marcó una diferencia abismal desde la efectividad, incluso, con una perla imperdible de Jhonatan Candia, pero el 2-1 también fue acompañado por dos polémicas que quedaron ligeramente al pasar.
Se suele afirmar que muchos encuentros se desvirtúan. Con Yael Falcón Pérez pasó mucho de eso. Se observa con facilidad que Barracas, desde su mismísimo ascenso, juega con otra vehemencia y muchas de esas acciones no se juzgan con la misma vara.
“Es la tercera que vas así (de mal). ¡Tranquilizate!”, lo retó el juez al propio Candia, que empezó el encuentro a puro choque, incluso con la peligrosidad de los brazos. Sin embargo, pocos minutos después, cuando al uruguayo no le interesó la pelota y fue directo contra Sheyko Studer, eligió el acting de señas: le marcó cada una de las infracciones previas, pero no lo amonestó y optó por gesticular el “basta”.
Por ese tipo de acciones se desconfía tanto y seguido. Por ejemplo, por lo ocurrido a los diez minutos: el público local reclamó penal cuando la disputa aérea tras un tiro de esquina terminó con un cabezazo de Fabrizio Sartori que el brazo despegado de Fernando Tobio terminó desviando hacia un costado.
Dos minutos después, cuando Sebastián Villa se metió en el área con su feroz aceleración, Nicolás Capraro, ya sin chances de emparejar la marca, puso sus dos manos sobre el hombro del colombiano y lo empujó. El delantero pudo exagerar la caída también, pero la pausa que ordenó Falcón Pérez debido al análisis desde el VAR indica que algo vieron. El contacto existió, pero no lo convocaron al monitor.
Fue una media hora feroz de la Lepra mendocina. No desde las oportunidades, pero sí desde el dominio. La efectividad estaría en el otro arco. A los 33 minutos, tras una segunda pelota proveniente de un tiro libre, Gonzalo Morales puso en ventaja al Guapo.
Y diez más tarde, la perla de la noche. Un contragolpe letal comandado por Tomás Porra dejó a Candia ante la definición, que fue preciosa: dejó a mitad de camino la salida de Nicolás Bolcato al pinchar la pelota de primera y con el efecto justo para ingresarla pegada a un palo.
Semejante sorpresa para el líder alteró los papeles y los nervios. En la última del primer tiempo, se generó una gresca por un cruce entre Capraro y Juan Elordi: al lateral surgido en Racing debieron echarlo por pisarle la pierna con intención al caído zaguero de Barracas. ¿Por qué no llamó el VAR? Ahí surgen las sospechas: quizás, por antes no haber sido justos con el conjunto de Alfredo Berti. Y la conciencia parece tener esos efectos.
El segundo tiempo, sin polémica alguna, volvió a tener a Independiente como el principal protagonista. O el segundo, porque Marcelo Miño, que en la primera mitad ya le había ahogado el gol a Sartori, atajó todo. Un remate de media distancia de José Florentín, una llegada hasta el área chica del propio Elordi y un intento lejano de Villa. Hasta que una molestia muscular lo sacó del campo a diez minutos del final.
De hecho, ingresó en su lugar Juan Espínola y cuatro minutos después no pudo hacer nada ante el cabezazo de Florentín. Barracas ganó ¿bien? Por el lado estratégico de Rubén Darío Insúa, evidentemente, sí; por la conducción arbitral puede que no. La única certeza es que, esta vez desde las tribunas mendocinas, Claudio Tapia volvió a ser insultado con el cántico que se replica en cada estadio.

