La española, en la sesión de fotos que realizó el productor de moda Nicolás Pesce Freijo en MadridLa española, en la sesión de fotos que realizó el productor de moda Nicolás Pesce Freijo en Madrid

“Me da orgullo”. Fue la primera mujer trans en estar nominada al Oscar y nos habla sobre los éxitos, la maternidad y su pareja, Marisa

2026/03/14 14:00
Lectura de 8 min
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El 28 de febrero, en Barcelona, poco antes de llegar a los Premios Goya 2026, uno de los stilettos de Karla Sofía Gascón (53) quedó atascado en una alcantarilla. El traspié no la detuvo: avanzó descalza sin perder la compostura, la elegancia ni la sonrisa. Y así, espléndida con un diseño de Saint Laurent, regresó triunfal a la alfombra roja tras un 2025 de contrastes: por un lado, hizo historia al convertirse en la primera mujer trans en ser nominada al Oscar por su papel en la película Emilia Pérez; pero, por otro lado, estuvo en el centro de la polémica por unos tuits publicados entre 2018 y 2019. “Trato de encontrarles el lado positivo a los obstáculos. Siempre hay algo para aprender y crecer, incluso en los peores momentos. Lo que para otras personas puede ser un desastre, yo lo transformo para salir adelante”, dice Karla a ¡HOLA! Argentina en una reflexión que puede aplicarse a toda su vida: tanto para el incidente de los stilettos en los Goya como para su alejamiento forzado de la campaña de premios [a raíz de esos tuits, no estuvo en los Oscar 2025] y el anuncio de su transición de género en 2018. Hasta ese momento, Karla había hecho carrera en la televisión y en el cine como Carlos Gascón, el nombre con el cual nació y con el que conquistó a Marisa Gutiérrez (52), la mujer con la que está casada y con quien tiene a Victoria (nació en 2011 y hoy tiene 15), la única hija de la pareja.

Karla, con un abrigo DKNY y botas de Steve Madden

–Tu 2026 viene nutrido, con tu presencia en festivales y en las presentaciones de Scuola di Se duzione y Trinidad, tus dos últimas películas. Pero venís de enfrentar no sólo críticas, sino amenazas. ¿Quién ha sido tu pilar?

–Si todo lo que me pasa ahora me hubiera pa sado a mis 20 años la situación sería otra. Tanto el éxito como el fracaso pueden hundirte. A mi edad, soy más consciente de lo que me ocurre y nada se me sube a la cabeza. Pero cuando la cosa se pone complicada, quienes me sostienen son mis afectos. Mi mujer Marisa es una de las personas más importantes de mi vida. Llevamos treinta y cuatro años juntas. Nos conocimos cuando ella tenía 18 años y yo, 19. Tengo que agradecerle muchísimas cosas, entre ellas que me ponga los pies en la tierra muchas veces.

–¿Y cómo lo hace? Debe ser intimidante estar al lado de la primera mujer trans en recibir gran des premios del cine internacional, la primera en recibir la condecoración Ordre des Arts et des Lettres en Francia, la primera referente en la lucha por los derechos LGTBIQ+ que ha trascendido las fronteras de España …

–A Marisa le basta con mirarme. O con decirme “Tenés que ir a comprar lechuga” o “Tenés que encargarte del alimento de los gatos”. [Karla tiene dos gatos: Kenny y Winnie]. Y ahí se me quita la tontería. Si bien desde hace tiempo practico una filosofía de vida basada en el budismo, que me ha ayudado a tomar conciencia de mí, soy impulsiva. Y, tal vez por mi proceso personal, soy muy guerrera. En el MasterChef de México, me decían que yo era como una tigresa en un gallinero. Y creo que es un poco así. Siento que abrí camino, que aporté algo. Pero así como me da orgullo haber sido la primera en algunas cosas, a la vez me da lástima: estamos en 2026 y pasaron siglos para que estos cambios, cuyos resultados recién se verán en el futuro, empezaran a suceder.

En Karsia, el libro que publicaste en 2018 y en el cual contaste que te reconocías como mujer y que pasarías a llamarte Karla, también relataste el impacto que tuvo Marisa al verte como mujer. Para ese entonces, Victoria, la única hija que tuvieron, tenía 7 años. ¿Fue un momento complicado?

–A Marisa le pasó lo mismo que le habría pasado a cualquier persona: cuando hay un cambio que es más fuerte del que te imaginás o esperás, es lógico que cause una revolución. Con respecto a Victoria, debo decirte que nunca tuve que sentarme a explicarle algo determinado. Ella es muy madura –aprendo yo de ella muchas más cosas que ella de mí– y muy inteligente. Tomar a los chicos por tontos es peligroso: pueden terminar acostumbrándose que les digas qué pensar y qué hacer.

–Puertas adentro, lo pintás fácil, pero supongo que deben haberse topado con las resistencias y los prejuicios de la sociedad… aun en el siglo XXI.

–Sí, hay gente que tiene más amplitud de miras que otras. En el fondo, se trata de un tema de nuestras sociedades y, en especial, la occidental. Creo que uno de los mayores problemas es pretender que seamos todos iguales y que nos comportemos igual. Para quienes intentamos hacer lo que sentimos, es un problema. Con Marisa, somos de lo más normalitas; y, a la hora de criar a nuestra hija, queremos que esté bien, que no le falte nada, que estudie y que el día de mañana se valga por ella misma. Ahora estamos con los temas típicos de la adolescencia, como las primeras salidas y la lucha por los horarios…

–¿Te ves reflejada en Victoria? Ella tiene casi la misma edad que tenías vos cuando llamaste a la televisión española para que te dieran una oportunidad como actriz.

–Mi hija es maravillosa. Tengo con ella una conexión muy fuerte. Es muy expresiva y sociable. Aunque es muy determinada, no veo que tenga la necesidad de vivir otras experiencias, como sí me pasó a mí. Yo crecí en casa de una familia obrera [en Alcobendas, al norte de Madrid] y mi infancia no tuvo grandes cosas: es una etapa con la cual no me identifico… ¡porque no me identifico ni siquiera con la persona que fui hace una semana! Y, cuando me hablan de capacidad econó mica, yo digo que me considero de capacidad escasita. [Se ríe]. La primera vez que fui a la playa aluciné en colores; y no lo veo mal: aprendés a valorar todo lo que te da la vida. A mi hija, en cambio, no le falta nada y ya ha cruzado el Atlántico como 77 veces. Cuando la invito a algún viaje o a un evento, me dice “Gracias, pero tengo exámenes”.

“Si alguien puede recoger algo  de mi experiencia, estupendo; pero, la verdad, es que yo no creo tener la potestad para decirle a nadie qué es lo que tiene que hacer”, dice la actriz

¿Qué enseñanza querrías dejarle?

–Si alguien puede recoger algo de mi experiencia, estu pendo; pero, la verdad, es que yo no creo tener la potestad para decir a nadie qué es lo que tiene que hacer. Muchos me consideran un referente de fuerza, de no dejarse vencer, de salir adelante y de autenticidad. Siempre he intentado ser yo misma sin sucumbir a las imposiciones de los demás. A veces, lo consigo más y, a veces, menos; pero in tento siempre que no me manipulen. Siento que todo lo que hice y todo lo que hago cada día me hace evolucionar. Nunca seguí ni a las masas ni a los líderes. Además, copiar a los demás no es bueno: hay que encontrar nuestra esencia. Mi mayor logro es haber dejado de intentar agradar a los demás. Y, por más oro que te prometan, lo más importante es tu integridad y no vender tu alma al diablo. Entonces, digamos que he conseguido crear mi propia existencia.

–El 31 de marzo cumplís 54 años. ¿Cómo te llevás con el paso del tiempo?

–Para mí, la edad perfecta está entre los 30 y los 40: tenés cierta madurez interior y, al mismo tiempo, podés moverte. Me está dando un poco de rabia que el cuerpo empiece a do lerme. [Se ríe]. Estoy llena de cremas, pero no uso ninguna. Me gusta el deporte –voy de acá para allá y conduzco mi moto para todos lados–, pero ando con poco tiempo. Lejos de lo que pueda parecer, no me gusta salir ni tampoco hacer fiestas. Soy muy casera: me encanta quedarme acá, escuchando música de la India –tipo Bollywood– o cuidando las plantas de mi jardín y a mis dos gatos.

–El año pasado ibas a venir a la Argentina y no se dio.

–Ojalá sea este año. No sólo tengo varios proyectos laborales con la Argentina [la adaptación para el cine de Las malas, de Camila Sosa Villada; y varios emprendimientos con directores como Eduardo Román, entre otros], sino que quiero conocer ese país de actores y directores tan creativos y sitios como el Perito Moreno; la tierra del gaucho… y también la tierra de mi familia: porque tengo una tía que es de Buenos Aires. Ella vino hace años a España para trabajar y ahí conoció a mi tío. Yo no tengo sangre argentina, pero la mezcla me encanta.

“Con mi hija Victoria nunca  tuve que sentarme a explicarle  algo determinado. Es inteligente y madura: aprendo muchas más cosas de ella que ella de míLa tapa de revista ¡Hola! de esta semana
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