Durante la noche del miércoles, Hezbollah disparó aproximadamente 200 cohetes y 20 drones contra el norte de Israel en el mayor ataque de este tipo desde el inicio del actual conflicto.
El ataque, lanzado de manera simultánea con el lanzamiento de misiles balísticos por parte de Irán, activó alarmas antiaéreas en numerosas localidades israelíes y obligó a cientos de miles de personas a buscar refugio.
Hezbollah, respaldado por Irán, coordinó la ofensiva con la Guardia Revolucionaria Islámica iraní, que también lanzó misiles hacia territorio israelí.
Las autoridades militares israelíes reportaron que la defensa aérea y la respuesta rápida permitieron contener los daños y evitar víctimas fatales, con solo dos o tres impactos directos y algunos civiles con heridas leves.
Entre los daños registrados se encuentra el impacto de un proyectil en una vivienda de Majd el-Kroum, donde una familia de nueve personas resultó ilesa, salvo por lesiones menores, tras refugiarse en la habitación protegida.
El jefe del Estado Mayor israelí, teniente general Eyal Zamir, sostuvo en una declaración difundida por el ejército que los ataques contra Hezbollah buscan limitar su capacidad operativa y proteger a la población israelí.
Tras la ofensiva de Hezbollah, Israel respondió con una serie de ataques aéreos en distintas zonas del Líbano, incluida la capital. Explosiones sacudieron los suburbios del sur de Beirut, una zona utilizada como bastión del grupo, y miles de personas han huido durante la última semana por la intensidad de los ataques.
Las fuerzas israelíes ampliaron la orden de evacuación para la población del sur del Líbano, cubriendo casi toda el área al sur del río Zahrani, unos 40 kilómetros de la frontera con Israel.
En la zona de la Corniche de Beirut, al menos ocho personas murieron a raíz de bombardeos israelíes mientras numerosos desplazados dormían en refugios improvisados.
A la par de los ataques, el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, ordenó a las fuerzas armadas prepararse para una ampliación de las operaciones en territorio libanés.
A su vez, Katz advirtió al presidente libanés Michel Aoun que, si el gobierno del Líbano no controla a Hezbollah ni impide los ataques hacia el norte de Israel, las fuerzas israelíes asumirán el control de la zona y actuarán directamente.
Las fuerzas israelíes comunicaron la destrucción de diez centros de comando de Hezbollah en los suburbios de Beirut y decenas de lanzadores de cohetes en todo el Líbano.
El conflicto ha generado desplazamientos masivos en ambos países. Más de 800.000 personas han abandonado sus hogares en el Líbano desde el inicio de los combates, y el número de muertos en ese país asciende a 634, incluidos 91 niños.
El grupo declaró que la ofensiva buscaba responder a lo que denominó “agresión criminal” contra ciudades y pueblos libaneses y a la muerte de líderes iraníes en acciones previas.
La escalada ha incrementado la preocupación internacional. El presidente de Francia, Emmanuel Macron, mantuvo una conversación con el presidente libanés en la que pidió el cese inmediato de los ataques de Hezbollah y solicitó a Israel abstenerse de lanzar una ofensiva terrestre en el Líbano.
Además, el jefe humanitario de la ONU, Tom Fletcher, advirtió sobre el riesgo para la población libanesa y reclamó acciones de Irán e Israel para evitar que la guerra se extienda.
La lucha se intensificó con la entrada de Irán y la coordinación de ataques entre la Guardia Revolucionaria y Hezbollah, marcando una nueva fase en la confrontación y aumentando la presión sobre las poblaciones civiles a ambos lados de la frontera.
(Con información de AFP y BBC)


