La llegada de la línea F de subte a la ciudad de Buenos Aires cambiaría la dinámica de una amplia zona del mapa porteño. Su traza proyectada, de 9,8 kilómetros, facilitaría la conectividad de distintos barrios del norte y del sur, a la vez que mejoraría la conexión transversal de la red.
No es la primera vez que este proyecto figura en la hoja de ruta de la administración porteña. De hecho, la historia de la iniciativa se remonta a los años 60, cuando los primeros planes de expansión del subte porteño ya mencionaban un corredor transversal entre Barracas y Palermo. Pero, en esta ocasión, se avanzó un paso más con el llamado a licitación pública nacional e internacional, que ya se encuentra en proceso.
A este concurso se suma el pedido de toma de deuda del gobierno porteño: el equipo de Jorge Macri envió ayer a la Legislatura un proyecto de ley que tiene por objetivo obtener la autorización para buscar financiamiento por hasta US$1350 millones, monto que, según se detalla en el texto, será destinado a la construcción de la nueva línea de subterráneo.
El gobierno de la ciudad afirma que, de llevarse a cabo, esta obra sería la más importante de los próximos años. El proyecto incluye la instalación de sistemas de señalamiento, ventilación, material rodante nuevo y automatización.
El cronograma oficial prevé el inicio de obra en 2026, con una puesta en funcionamiento programada para 2031. En números oficiales, la línea podría beneficiar a un aproximado de 300.000 pasajeros por día y funcionar como eje transversal sur–norte, conectando barrios que no cuentan hoy con acceso directo a este medio de transporte.
Consultados sobre los avances en el proyecto, voceros del Ministerio de Infraestructura y Movilidad de la Ciudad informaron que a fines del año pasado 30 empresas de origen europeo y asiático manifestaron su interés en llevar adelante la obra. Actualmente, informaron, están trabajando en la licitación, cuyos sobres se abrirán cerca del próximo 20 de abril.
La F sería la séptima línea del subte porteño y la primera que se construiría desde la apertura de la H. De acuerdo al proyecto, la cabecera sur de la nueva línea estará situada entre Brandsen y Suárez, sobre el eje de la avenida Montes de Oca.
Con 12 estaciones proyectadas, la traza uniría Barracas con Palermo y permitiría conectar con las líneas A, B, C, D y H. En Constitución se integraría con el tren Roca, el servicio ferroviario con mayor volumen de pasajeros del país.
La línea F no es una idea reciente. Desde los años 60 que este trazado figura como un proyecto de largo plazo asociado a la necesidad de conectar el sur y el norte de la ciudad. Su incorporación formal al sistema se produjo con la Ley 670, sancionada el 8 de noviembre de 2001, que definió las trazas de las líneas F, G e I, autorizó los llamados a licitación y estableció la posibilidad de concesionar la construcción y la operación.
En ese momento, el gobierno porteño hablaba de un “rediseño total de la red”, que incluía líneas transversales capaces de unir sectores históricamente desconectados. Las audiencias públicas de aquel año reflejaron ese entusiasmo: la ciudad no inauguraba una línea nueva desde hacía más de 60 años, y apenas un mes antes se habían iniciado las obras de la línea H, contemplada en la misma ley.
El contexto político y económico cambió los planes. La crisis de 2001 postergó toda posibilidad de financiamiento, y el proyecto quedó relegado en los despachos. En 2008, con la Ley 2710, la Legislatura ratificó la vigencia de la traza original y creó un mecanismo de seguimiento parlamentario para la expansión del subte. En ese texto se reafirmó el eje Constitución – Palermo como prioridad dentro de las futuras obras.
Durante los años siguientes, distintos gobiernos retomaron la idea, pero con variaciones. En 2015, un documento técnico propuso ajustar la traza para mejorar la conexión con los corredores de mayor demanda, aunque sin modificar el recorrido de fondo previsto en la Ley 670. El informe sugería un diseño más eficiente de estaciones, pero nunca fue tratado en la Legislatura.
En paralelo, la Ciudad concentró sus recursos en finalizar la línea H, la más joven de la red actual, que se inauguró por etapas y terminó de completarse en 2018, con la inauguración de la estación Facultad de Derecho.
A pesar de los anuncios recurrentes, la línea F continuó sin ejecución. Hubo intentos de licitación en 2019, cuando se convocaron a estudios para elaborar el proyecto ejecutivo, pero las aperturas de sobres se postergaron una y otra vez. El expediente avanzó lentamente hasta quedar sin adjudicación.
Recién en 2025, más de 20 años después de su inclusión formal en la red y seis décadas más tarde de su proyección original, la iniciativa volvió a tomar forma. En los papeles, se trata de la obra de transporte más ambiciosa de las próximas décadas; en la práctica, resta esperar que se cumpla con las fechas del calendario previstas.
En Barracas se espera con entusiasmo que el proyecto avance. La iniciativa implicaría la llegada de la primera línea de subte al barrio. El desembarco de este medio de transporte en la zona es una promesa largamente esperada para quienes viajan a diario desde allá.
No obstante, un debate asoma. No pasa por la obra, que todos consideran un gran avance, sino por cómo impactará sobre un problema que ya existe: el estacionamiento vinculado al flujo diario de autos que llegan desde la provincia hacia la ciudad. A diferencia de otras ampliaciones de la red, la línea F tendrá su cabecera en un borde metropolitano: un área donde confluyen accesos viales, transporte público y cruces permanentes de pasajeros de provincia.
Según los residentes, las calles se llenan de vehículos que cruzan el Puente Pueyrredón. Los conductores estacionan y continúan el recorrido hacia el centro de la ciudad a bordo de los colectivos que paran en la zona. Recién por la noche, cuando la jornada laboral concluye, las veredas vuelven a despejarse. Dicen que el barrio se convirtió en una suerte de “estacionamiento de larga estadía” para quienes prefieren no dejar el auto del lado de Avellaneda. El interrogante es cómo influirá en esta dinámica el desembarco del subte.
Fuentes del gobierno porteño indicaron a LA NACION: “La llegada del subte a nuevos barrios contribuye a mejorar y potenciar los entornos y las centralidades. Con el subte también llegan más comercios y empleo para el barrio y puede generar oportunidades de inversión del sector privado como pueden ser estacionamientos que incentiven la intermodalidad."
Y añadieron: “También vamos a trabajar desde la Secretaría de Tránsito y de Transporte en estudiar proyectos que mejoren el tránsito y la circulación en la zona de todos los actores viales".
Los expertos ponen la situación en contexto y aportan perspectivas. “Algo parecido pasa con los usuarios del ferrocarril Urquiza; muchos combinan con la línea B. En algún caso, el estacionamiento está en las estaciones ferroviarias anteriores. La terminal en Juan Manuel de Rosas tiene otro tipo de usos también. Con otras líneas ferroviarias, los lugares de estacionamiento están antes de entrar a la ciudad, en algunos casos más desarrollados que en otros”, compara Andrés Borthagaray, arquitecto de la Universidad de Buenos Aires y doctor en urbanismo. Y asegura que una de las claves para el proyecto de la línea F es “pensar el entorno de las estaciones como un conjunto”.
“El solo anuncio de un proyecto como el de referencia produce una movilización de valor, es decir, el incremento sustancial de los precios del suelo en las áreas de borde. Esa valorización tiende en general a ser absorbida por propietarios y desarrolladores", sostiene Guillermo Tella, arquitecto y doctor en urbanismo.

A pesar de que en 2019 el cabildo de Mexicali aprobó una reforma para prohibir que los comercios y supermercados obsequien bolsas de plástico,
