Gal Munitz adora las palabras y las usa con tanta precisión como magia. A esta joven de 34 años con autismo, los libros le cambiaron la vida: la nutrieron y le permitieron lograr su independencia, con el apoyo de su familia y de Visibilia, la fundación para la que adaptó Cuentos de la selva y otros libros para una “lectura fácil”.
La lectura fácil es un método para ajustar textos y contenidos, como libros, webs, documentos, usando un lenguaje sencillo, frases cortas y apoyos visuales para que sean comprensibles para todas las personas, especialmente aquellas con dificultades de lectura, memoria, atención o aprendizaje, como personas con discapacidad intelectual, dislexia, adultos mayores, migrantes o personas que no terminaron la educación primaria.
A Gal le encanta la palabra “curioso” y la usa con frecuencia, sobre todo al inicio de sus respuestas. Las piensa un poquito, sonríe mucho y contesta junto a la enorme biblioteca de Paola Jelonche y Diego García Díaz, los fundadores de Visibilia.
“Nací hace 34 años en Jerusalén y con mi familia volvimos a la Argentina cuando yo tenía 5 años. Mi papá Claudio falleció en el año 2000 y mi mamá Silvia se casó otra vez y se fue a vivir a Estados Unidos en 2016. Entonces me mudé con mis tíos Fernando y Mariela y mis primos Agustín y Segundo, pero me independicé hace cuatro años, justo después de la pandemia”, cuenta. Vive sola en Martín Coronado, Tres de Febrero, gracias al apoyo de esa familia y sus dos trabajos.
“Cuando era chica me decían que tenía retraso madurativo. Me crié hablando hebreo y aprendí el español neutro en los canales infantiles de la tele. Me sentía un bicho raro, era diferente y quería ser como los demás. En la escuela sufrí bullying. Mi infancia fue dura, pero siempre rodeada por mi familia y protegida por mi hermano Matías, ahora de 36 años. Recién a los 24 me diagnosticaron síndrome de Asperger y después autismo grado 1. Hoy me siento empoderada como mi mamá”, agrega.
A la pregunta sobre cómo nació su amor por las palabras, contesta: “No lo recuerdo, simplemente pasó, desde muy chiquita. Mi papá me había comprado un juego para aprender a leer y yo me esforzaba tanto que incluso me acuerdo del primer libro que pude leer sola, titulado ‘Son 10 en la cama’, sobre 10 peluches de los cuales al final quedaba uno”.
Paola se suma a la conversación y señala: “Como Los 10 indiecitos”. Y Gal, que conoce el relato, dice: “¡Parecido! Leer es un gran paso al conocimiento. Gracias a que aprendí a leer estoy a punto de terminar un poemario. Y me gustaría escribir una novela sobre violencia de género. Ya estoy trabajando con mi profesora de literatura, Romina Mastroberardino, en la construcción de la historia y los personajes”, comparte.
Recomendada en 2019 por su psicóloga Mariana Elstner, que también es la psicopedagoga de Francisco, el hijo de 22 años de los fundadores de Visibilia, Gal llegó a la fundación para sumarse al equipo de validadores para adaptar a la lectura fácil la Ley Nacional 26.485 y las Leyes CABA 4203, 5861, 6134 y 5742.
“Para armar el libro, al que llamamos Leyes sobre la violencia contra las mujeres, nos juntábamos dos veces por semana para leer en grupo y marcar las dificultades en palabras y dibujos del texto original. Éramos un equipo de ocho, más Paola como dinamizadora, la psicóloga Mariana y la trabajadora social Jazmín como consultoras en un tema tan complejo”, recuerda Gal.
“Durante el proyecto, yo me ponía en el lugar de las personas a las que les podía costar la lectura y entre todos decidíamos si valía la pena el cambio de una palabra difícil por un sinónimo o una glosa (explicación del término). Así encontré un trabajo que me gustaba y me sentí útil ayudando a otras personas”, cuenta Gal, que ya se había desempeñado como niñera, coordinadora de una colonia, animadora de fiestas infantiles y vendedora.
Gal trabaja también desde hace varios años en la Fundación Ieladeinu, una organización de la comunidad judía que protege los derechos de niños y adolescentes vulnerables, en distintas posiciones como regalería, cadetería, cocina de carnes y repartición de comidas solidarias para quienes no pueden comprarlas para celebrar el Shabat.
A la hora de las fotos, Gal elige dos libros adaptados a lectura fácil: Leyes sobre violencia contra las mujeres y el Diario del año de la peste, de Daniel Defoe. Luego agrega el Diario de Ana Frank, preparado junto con la gente del Centro Ana Frank Argentina, con fotos inéditas. “Para mí, estos libros son un tesoro”, asegura.
Posa con alegría y orgullo y sin querer, patea a la tortuga, a la que le gusta mirarse en el espejo. “¡Narcisa!”, dice ella con una sonrisa, recordando al joven hermoso que se enamoró de su propio reflejo en la mitología griega. “Es tortugo, se llama Fidel y tiene 41 años”, le aclara Paola. “Entonces paso de femenino a masculino, Narciso”, enseguida se corrige Gal.
La joven también trabajó en otros libros de lectura fácil: Panambí y otros cuentos con historia, de Agustina Caride; Cuentos de la selva, de Horacio Quiroga; Simbad y Alí Babá; Cuentos de las mil y una noches; El fantasma de Canterville y otros cuentos con fantasmas; la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires; Educación Sexual Integral y Parto Respetado y mil días, entre otros muchos. También participó en congresos y jornadas.
Paola Jelonche, fundadora y directora de Visibilia, cuenta que comenzaron a preparar libros de lectura fácil en 2014 para ayudar a su hijo Francisco, que tiene autismo y dislexia, y que completó el colegio secundario y también se convirtió en validador en algunos grupos de trabajo. “Se trata de redactar, editar, validar y publicar una nueva escritura en equipo, siguiendo las directrices de la Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecarios y con ayuda de especialistas en los distintos temas”, afirma.
“Uno de nuestros lemas es que leer nos hace libres, porque no solamente es un entretenimiento y un derecho, sino que tiene un valor en el empoderamiento personal, la construcción de la autoestima y del pensamiento, y la toma de las decisiones. Además, estos libros son necesarios porque un 30% de la población tiene dificultades lectoras”, afirma.
“Entrenamos a jóvenes con distintas discapacidades para revisar y validar los libros de lectura fácil y les ofrecemos sus primeros trabajos dignos y remunerados a través de muchos proyectos. También formamos a docentes en lectura fácil y tenemos un club de lectura”, explica Paola, que es abogada y asesora en discapacidad, y fue subsecretaria de Discapacidad de la Ciudad de Buenos Aires.
