Imagina que una situación que había sido tratada durante años como un “conflicto interpersonal”, una “disciplina firme” o incluso un “malentendido” escala al nivel de una responsabilidad penal para tu organización. Suena duro, pero no es una exageración y las últimas decisiones judiciales y reformas en México reconfiguran cómo se entiende y regula la violencia en el trabajo. Recursos Humanos está en el centro de ese cambio.
La violencia en el entorno laboral ha sido históricamente un concepto amplio y en evolución. Las autoridades mexicanas y los protocolos oficiales la entienden como cualquier acción u omisión dentro del espacio de trabajo que implique abuso de poder y que dañe la integridad, salud, libertad o derechos de las personas con vínculo laboral.
Bajo esta definición, no se limita sólo a agresiones físicas evidentes: incluye hostigamiento, acoso, discriminación y otras prácticas destructivas que, aunque más sutiles, deterioran profundamente la experiencia laboral y el desarrollo profesional de las personas.
En la NOM-035, publicada por la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, la violencia laboral es entendida como actos de hostigamiento, acoso o malos tratos que pueden afectar la integridad y salud de las personas trabajadoras, por lo cual deben ser considerados en los factores de riesgo psicosocial a identificar, analizar y prevenir en los centros de trabajo.
Entre las expresiones más frecuentes tenemos:
Es decir, la violencia en el centro de trabajo abarca conductas que no sólo generan daño individual, sino que erosionan la cultura organizacional, el clima laboral y la confianza colectiva.
Aunque algunas de las reformas continúan en proceso legislativo, la tendencia apunta a que las organizaciones deberán ir más allá de simples políticas correctivas y asumir un enfoque estratégico y proactivo.
Aquí propongo 10 acciones concretas que el área de Recursos Humanos podría impulsar desde el corto plazo:
Además de que reducen riesgos legales, estas y otras acciones pueden transforman la experiencia laboral en un activo estratégico para atraer, retener y motivar talento.
El Estado mexicano —alineado con estándares internacionales como los promovidos por la Organización Internacional del Trabajo— transita de un enfoque administrativo y correctivo a uno sancionatorio, corresponsable y, potencialmente, penal.
En este contexto, las áreas jurídicas deben convertirse en arquitectos de prevención, capaces de traducir criterios judiciales, iniciativas legislativas y normas emergentes en políticas internas ágiles, claras y ejecutables antes de que la reforma sea una realidad formal.
Esta nueva etapa exige una corresponsabilidad real entre Recursos Humanos y el área jurídica, donde ambas funciones trabajen como un sólo sistema de alerta temprana. Legal debe anticipar escenarios, mapear riesgos penales, laborales y reputacionales, y acompañar a RH en el diseño de protocolos, investigaciones internas y esquemas de sanción con debido proceso, perspectiva de derechos humanos y trazabilidad documental.

